Los actores se las arreglan para interpretar todos los personajes de las
abreviadas adaptaciones de Otelo, Romeo y Julieta y Hamlet, de William Shakespeare.
Lo que no es poco. Más bien es muchísimo; porque a cada uno le toca encarnar en
escenas sucesivas y a veces sin solución de continuidad, papeles masculinos y
femeninos como en el antiguo teatro isabelino.

