
El hombre cúbico ha recibido las llaves de su nuevo hogar, y maleta en
mano se dispone a instalarse en él. Nada más abrir la puerta se percata de las
dimensiones del sitio donde va a vivir a partir de ahora: un espacio de poco
más de un metro cúbico. Lejos de sorprenderse, sino al contrario, asumida esa
circunstancia tan común en nuestros días, se dispone a hacer su vida
cotidiana; tan cotidiana como la de cualquiera... en principio, porque
actividades tan sencillas como instalar un único mueble, hacer una llamada de
teléfono, organizar una pequeña fiesta, ver la televisión, hacer la limpieza o
simplemente conseguir dormir por la noche, no resultan tareas tan fáciles para
un hombre como ese en un espacio como aquel. Menos lo será aún el
enfrentarse a los imprevistos domésticos, que no pasarían de simples
anécdotas para cualquiera de nosotros, pero que para el hombre3 resultan
verdaderos retos de dimensiones épicas.
Formalmente m3 basa su estética y contenido en los principios del
surrealismo y el teatro del absurdo de creadores como Magritte, Ionesco o
Becket, buscando esa atmósfera Kafkiana y claustrofóbica que precisamente
por eso, por lo absurdo y sorpresivo de las situaciones, provoque la risa del
espectador. Pero como contrapunto a esta apariencia retro, los temas que trata
y los iconos, imágenes y demás elementos que utiliza para ello, resultan
completamente actuales. Las viviendas reducidas a su mínima expresión y su
mala calidad, la producción en serie y el consumo masivo de productos tan
defectuosos como las casas para los que están pensados, la soledad y las
dificultades para relacionarse socialmente, los diferentes tipos de violencia con
los que se nos bombardea desde televisiones y medios de comunicación y que
hacen del individuo un ser atemorizado y dócil, son temas próximos al
espectador con los que es lógico que se identifique fácilmente. Todo ello,
confiere al espectáculo una marcada estética al servicio de la más absoluta
actualidad.


